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N o · l e a · e s t o
Hipoxifilia
por Julio Silva Rosedal


Uno de los grandes estimulantes sexuales es el riesgo. Fornicar en situación de riesgo eleva las emociones y satura los sentidos, obnubilando el momento y potenciando el caudal de placer. Pero qué ocurre cuando este riesgo se emparenta con la muerte, entonces, se rozan los límites y un error de cálculo puede significar traspasar la frontera de lo desconocido. El sexo por la muerte. La muerte por el sexo.


U n a · c u r i o s a · m u e r t e

El 22 de noviembre de 1997, Michael Hutchence líder de la banda INXS, fue encontrado muerto en su suite del 5to piso en el exclusivo hotel Ritz Varlton en Double Bay, en las afueras de Sydney, Australia. La versión que se propaló a la prensa fue que Hutchence se había ahorcado con su propia correa luego de una noche de drogas, presa de una profunda depresión. Si bien es cierto fármacos como Prozac fueron hallados en la habitación, muchos indicios apuntaban a que la hipótesis del suicidio por ahorcamiento no sería la correcta. Naturalmente, las otras teorías (que incluso constan en partes policiales) no fueron difundidas al público y simplemente se conservó la especie de la autoeliminación de manera oficial. ¿Cuáles eran aquellos indicios?

En primer lugar Hutchence fue encontrado desnudo, cosa curiosa ya que es muy extraño que alguien se quite el ropaje para luego suicidarse. Luego, su cuerpo pendía de una correa que le pasaba por el cuello y que estaba atada al picaporte de la puerta principal, por lo tanto, Hutchence se encontraba sobre sus rodillas y con el rostro hacia el suelo. Esta postura es determinante ya que es virtualmente imposible que alguien pueda ahorcarse desde la altura de un picaporte, ya que lo que se suele hacer es buscar cierta altura para hacerlo, así el peso del cuerpo pendiente provoca la asfixia. Aún más, las personas entrevistadas quienes tuvieron contacto con el artista horas antes de su deceso, unánimemente refirieron que se encontraba de un ánimo estupendo, sin signos de depresión o cosa parecida. ¿Qué sucedió entonces?.

Una de las más sensatas teorías es que Hutchence murió accidentalmente asfixiado en un juego sexual (no se sabe si acompañado o en soledad) en el que la asfixia formaba parte del mismo y que por un error de cálculo, perdió la conciencia y posteriormente la vida. Todo así lo indicaba pero se decidió mantener en reserva esa hipótesis por la ausencia de testigos y por el impacto que esto podría tener en sus seguidores y en el joven público del grupo. Es probable entonces que Hutchence haya sido afecto a una obscura parafilia: la autoasfixia erótica, la asfixiofilia o también llamada hipoxifilia.

H i p o x i f i l i a

Una parafilia es una conducta erótica o sexual que para la mayoría de personas resulta de difícil comprensión o simplemente es incomprensible. Algunas de estas parafilias están penadas por la sociedad (la paidofilia: el gusto por las relaciones sexuales con menores de edad; y la necrofilia: el gusto por las relaciones sexuales con cadáveres). El resto de parafilias no es penado pero sí condenado mayoritariamente y consideradas como perversiones. Se han tipificado 138 parafilias distintas pero cada vez su número se incrementa ya que sobre los temas más inimaginables se pueden crear filias y obsesiones. Eso no es miseria humana, es naturaleza humana.

De estas parafilias, la hipoxiflia tiene una especial presencia ya que lleva implícito el coqueteo con la muerte, lo cual la convierte aún más en un tabú y en algo prohibitivo. La hipoxifilia consiste en intensificar el estímulo sexual a través de la privación de oxígeno (hipo=reducción, oxi=oxígeno). Esta privación se logra introduciendo la cabeza en una bolsa de plástico o por alguna técnica de estrangulamiento. La razón: se dice que la falta de oxígeno en el cerebro y el semi estado de inconsciencia multiplican la sensación orgásmica de un modo increíble, el problema es que muchos no retornan de aquella sensación y pierden la vida de modo accidental.

Según estimados del FBI (reporte de Crook y Baur de 1999) alrededor de 1000 personas en los EEUU mueren anualmente como resultado del juego hipoxifílico. Cifra inquietante ya que siempre estos datos permanecen ocultos para el público general, y un tema que debería abordarse en foros competentes para su discusión y acercamiento, no lo es y se mantiene al margen de la opinión pública. Y mucho peor aún, se estigmatiza al parafílico, se le cree enfermo y depravado, con lo cual, se afianzan los prejuicios y la ignorancia.

E r o s · y · T á n a t o s

Sigmund Freud sostenía que los seres humanos estamos motivados por dos tipos de pulsiones: las eróticas y las tanáticas (vida y muerte), ambas contrapuestas pero que en el instinto sexual, se pueden presentar cualquiera de las dos. Sexo creador (fecundación, “amor”, etc) y sexo destructor (sadismo, masoquismo, etc). La hipoxifila es Eros y Tánatos, es sexo y muerte. Y el orgasmo, quid hipoxifílico no es otra cosa que “irse”, morir en el otro, dejarse ir por ese instante (recuerden la “petite morte” de los franceses). El orgasmo tiene mucho de tanático y si a eso de le agrega la excitación y el riesgo de una muerte real (en este caso, por privación de oxígeno) entonces todo se ve multiplicado, y más aún, la reacción del cuerpo ante la falta de aire no hace más que acompañar con precisión todas aquellas sensaciones.

Georges Bataille al escribir sobre Eros y Tánatos explica que el sentido último del erotismo es la muerte. Y es que ambas han estado siempre ligadas. Ante la muerte, la vida (luego de un máximo riesgo se vuelve a nacer, luego del velorio las parejas se buscan para fornicar). Ante la vida, la muerte (el deseo de comerse al otro durante el sexo, el impuso de provocar dolor, el deseo de no volver luego del goce máximo). Si se ronda a la muerte a través de la sensación de asfixia y se le suma a ésta el momento mismo del orgasmo y no se puede pensar en él sin querer morir un poco, entonces se habrá encontrado la hipoxifilia. Y esta parafilia, así como la muerte misma, es inenarrable, no se puede contar o vivir en el cuerpo de otro. La única manera de conocerla es en carne propia.

S e x o · e · h i p o x i a

Hay que señalar que la hipoxifilia es practicada mayoritariamente por hombres aunque no exclusiva de ellos. La pornografía gore y las películas snuff muestran lo inverso, es decir, para esos casos son mujeres las que están sujetas a estas prácticas y las sometidas a múltiples vejámenes. Esto es una deformación de la realidad y así se debe entenderlo, y la razón es simple: el orgasmo femenino es infinitamente superior al orgasmo masculino, que es plano y univalente, por eso mismo, se le atiza con otros estímulos, necesita ayuda para potenciarse (drogas, objetos, fetiches, etc.)

La privación de oxígeno ocasiona en el cuerpo sensaciones subjetivas como vértigo, zumbidos en los oídos e intensa angustia, acompañados de síntomas físicos como convulsiones en los miembros, movimientos peristálticos que dan lugar a la emisión de fluidos (saliva, orina, sudor). La reserva de oxígeno se agota a los 30 ó 40 segundos, luego de ello se pierde la conciencia, pudiendo todavía ser reanimado, más allá, sólo está el más allá, ya no hay retorno. La eyaculación se presenta en el límite de la inconsciencia, la agonía despierta el placer, por eso el hipoxifílico tiene que ser asistido por el/la acompañante que tendrá que detener la asfixia y proveer de aire al orgasmeante. En sólo 3 ó 5 segundos de anoxia total, el tiempo de supervivencia de los centros nerviosos es rebasado y se produce el deceso.

A s f i x i a · c o n t r o l a d a

Muy pocas personas (o ninguna) que haya leído este texto estará dispuesta a probar en sí mismo la angustia sexual de la privación de oxígeno, es lógico y comprensible. No todos los seres humanos son proclives a alguna parafilia (aunque en teoría sí, sólo que ignoran que las tienen). Sin embargo, existe una técnica al parecer proveniente del sexo tántrico que es de simple experimentación. Por naturaleza y reflejo, es imposible que un sujeto se asfixie así mismo dejando de respirar, pero sí es posible soportar un tiempo sin hacerlo (hasta ponerse rojo). Durante el sexo o la masturbación, cuando se presienta el advenimiento del orgasmo, se debe dejar de respirar y soportar sin aire hasta el momento mismo del clímax. Esta controlada privación de oxígeno al cerebro potenciará la sensación orgásmica (tampoco se imagine demasiado). Si le resulta satisfactorio, entonces ya hemos descrito los siguientes pasos a dar (y esto no es ninguna invitación a la autoeliminación), después de todo, es placer y sólo placer, además del conocimiento de sí mismo.

No queremos animar las “perversiones”, queremos poner sobre el tapete un tema que no es discutido con altura ni desprejuicio. También queremos acercarnos al punto de comunión entre la muerte y el sexo, que es inherente al ser humano, pero que se niega, se reprime, y se oculta, como si significara máximo pecado advertir su relación. Qué otra cosa no es vivir sino ir muriendo de a pocos.



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El sex symbol Michael Hutchence fenecido en extrañas circunstancias.



Nagashi Oshima en "El Imperio de los Sentidos" (1976) aborda la asfixia y la muerte como parte de la culminación del amar.

 





Eros y Tánatos. Feud se valió de esta relación mitológica para postular teorías sobre el comportamiento humano.





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