N o · l e a · e s t o Socialmente el semen tiene una connotación negativa: se le percibe sucio, asqueroso, una excreción que representa la obtención del placer (masculino). ¡Oh, sucio placer!, ¡qué terrible ser mundano!, ¡qué bajos los instintos!, ¡qué poco tiene que ver con el amor! Como decían las abuelas, “esa porquería”, esencia misma de un hombre, ha sido culpable de traspiés y pecados accidentales, e inclusive, durante la relación sexual, no se le mira, sólo se le siente para luego limpiarlo, sin olerlo, desecharlo del cuerpo, alejarlo. La mayoría de mujeres lo encuentra repugnante, una pequeña minoría puede solazarse con él (aún no conozco ninguna). Por eso eufemísticamente se le dice “leche”, cosa curiosa porque en realidad el semen no tiene la textura, ni el color, ni la densidad, ni la consistencia del lácteo, pero sirve para asimilarlo socialmente, para eliminar su referente vil, entonces, poco a poco se le fueron asignando valores nutritivos y hasta cosméticos (algunas mujeres lo usan como crema facial), cuestiones que por supuesto, sólo son un mito. El semen es malo. Malo es el semen. E y a c u l a c i ó n En la época de colegio se acostumbraba a organizar pajerísticos concursos en los cuales el que eyaculaba más lejos era el ganador de un reconocimiento de potencia. Y es que la manera violenta en el que el semen es eyectado forma parte de su identidad, es arrojado desde un cuerpo hacia otro. Lógicamente, existen razones biológicas para que esto suceda al interior de la vagina, pero cuando esto ocurre fuera del cuerpo femenino, entonces es el show seminal, punto final pornográfico, alerta de clímax, notificación orgásmica. Aún más, la cantidad que se eyacula también es asociada con la potencia (y ya se sabe que no es así) pero mientras más se eyacule, más saludable y fuerte se supone que se es. Según dato científico, el promedio de cantidad seminal que se eyacula es de 10 centímetros cúbicos, cifra discutible ya que esta cantidad depende de la frecuencia de la masturbación o de las relaciones sexuales, la salud del eyector, la adecuada estimulación, la duración del periodo de abstinencia, etc. Sin embargo, la idea de la cantidad prevalece, por eso son famosos los actores porno que eyaculan ingentes cantidades. Peter North, el llamado “sperminator” probablemente sea el más célebre de todos ellos, y es que en realidad emite chorros seminales copiosos ante la sorpresa de sus coprotagonistas. La leyenda dice que tiene dos próstatas, pero es sólo una leyenda. Y por supuesto, semen regularmente significa orgasmo aunque orgasmo no necesariamente signifique semen. Existen técnicas en las que a través de presión en puntos indicados se evita eyacular a pesar del orgasmo, logrando con esto obtener múltiples orgasmos hasta decidir “darla”. Pero los verdaderos “machos” consideran eso una trampa, los auténticos sementales la “dan” una tras otra siempre alardeando y nunca demostrando. Un conocido asegura haberla dado trece veces (¿será un récord Guinnes?) pero del dicho al hecho hay demasiada leche. Existe la leyenda de un famoso coitotécnico(1) que aseguraba darla tres veces seguidas y “sin sacarla”. Aplausos. Pero siempre en la mayoría de los casos sólo son alardes sin base real, cosa común en charlas masculinas (el otro alarde es el del tamaño). Lo que sí es cierto, es que el período refractario, o sea el tiempo en que uno vuelve a tener una erección luego de eyacular es disímil en cada persona y mientras más edad se tiene, este periodo se hace más extenso; y este concepto es completamente ignorado en el imaginario popular. La ignorancia sexual popular es fantástica, y lamentablemente, lo primario en temática sexual. F e t i c h i z a c i ó n Entonces si el semen es algo sucio, representa lo vil de mi ser, por lo tanto, utilizo mi semen como “ensuciador” para quienes lo desprecian (la mujer). Si se le asigna un valor reivindicatorio al semen y se le utiliza como un instrumento, entonces se le ha fetichizado. Si la mujer disfruta del volcán seminal y le agrada su olor, sabor y presencia; y lo considera indispensable para su gozo sexual, entonces ella lo ha fetichizado. Regularmente ocurre lo primero. Con el semen se “ensucia” a la amante, se le restriega, se eyacula en su rostro, en sus nalgas, en su espalda, en su estómago, en sus tetas y en cualquier lugar posible en el que el semen esté fuera de lugar; el semen se convierte en marca, en rastro, en mancha, en firma. Y claro está, en la boca, en donde además de depositarlo de aspira a que ella se lo trague, y con él, sus palabras y maledicencias. Algunas mujeres consideran este acto como una plena demostración de amor: sólo por ti y porque eres tú, me atrevo a tragar esa mierda. Para otras es pecado capital. Para otras más es algo inconcebible, demasiado asqueroso para probarlo siquiera: yo nunca, yo jamás. |
B u k k a k e
El bukkake es el punto máximo de la fetichización del semen. Es un “show” pornográfico inventado en japón en el cual decenas, incluso centenas de hombres eyaculan encima de una elegida, la cual queda literalmente bañada en semen. Qué otra cosa es aquello sino la realización máxima de la fetichización seminal, es decir, a la mujer elegida se le humilla y ensucia con litros de lo que detesta, y para reforzar esta idea, regularmente la mujer se encuentra amarrada o sometida a alguna vejación física. ¿Excitante? ¿Horroroso? ¿Curioso?
Otro show pornográfico es el del cóctel seminal. Muchos hombres eyaculan en un recipiente hasta conseguir una cantidad importante, y luego esta mezcla se le hace beber (con cañita) a la elegida para tal fin. Para las mujeres que se hayan atrevido a llegar hasta estas líneas, seguramente les resulte muy asquerosa la idea, pero habría que ver las performances de la actrices elegidas para estos brebajes, lo hacen con mucho arte y hasta disfrute, y muchas de ellas incluso lamen el recipiente cuando han terminado de beber la leche condensada. ¡Una maravilla!
E l · B e s o · B l a n c o
El beso negro es harto conocido y nada del otro mundo. El beso blanco es más interesante ya que pone a prueba los prejuicios del hombre respecto a su propio semen. El beso blanco consiste en descargar el semen en la boca de la amante y que ella lo retenga allí para luego besar al eyaculador en la boca, mezclando lengua, saliva y semen en un beso con sabor y olor único e irrepetible.
Si a una mujer le agrada o ya se acostumbró a tener semen en la boca, entonces no tendrá problemas para intentar el beso blanco. El problema llegará curiosamente del lado del varón, a quien de buenas a primeras no le agrada esa idea. En una encuesta personal pregunté a varios amigos si alguno estaría dispuesto a realizar este ósculo viscoso. ¡El 100% de ellos me dijeron que no!, alegando además razones absurdas como si aquello fuera signo de homosexualismo o de una perversión extrema. Entonces, les pregunté, ¿porqué exigen que sus novias se traguen o saboreen sus leches si ustedes mismos le tienen asco?
S a b o r · S e m i n a l
Lo primero que molesta a una mujer del semen es el olor, lo segundo el sabor. El olor, por consenso, se asemeja mucho al de la lejía (clorox), es un olor penetrante, fuerte, no tanto como el del esmegma(2) pero indudablemente notorio. Esa es la primera barrera a derribar y regularmente se hace sin problemas porque en el encuentro sexual abundan los olores de ambas partes, entonces, asimilar alguno de ellos no es complicado.
Y el sabor, ¿a qué sabe el semen? Este es un asunto más complejo, pero debemos partir de una premisa fundamental: el semen no tiene sabor único, varía de persona a persona y hay estudios que indican que incluso la dieta del día altera un tanto el sabor seminal. En el semen hay aminoácidos, proteínas, ácido úrico, etc; lógicamente la cantidad de unos y otros componentes producirán variaciones. Sin embargo, se puede decir que el sabor seminal de un sujeto será básicamente el mismo en toda su vida, por lo tanto, cada hombre tiene su sabor.
De allí al azar. Samantha Jones, genial personaje de la serie “Sex and the City” se encargó de este tema en uno de los tantos capítulos de antología. Según su experiencia algunos líquidos seminales son asquerosos, impasables, imposibles y vomitivos. Otros se soportan, y otros se toleran sin mucho problema. Y así es. Hay sémenes ácidos, acidulados, neutros, acres, amargos, ácidos-amargos, neutros-acidulados, etc. Es cuestión del azar el sabor del semen que tendrá el hombre escogido. Por supuesto, debería ser lógico que cada hombre sepa el sabor de su semen para así proponer sus fantasías sexuales, pero ese es otro tabú intocable. En la encuesta personal referida anteriormente pregunté también si alguno sabía a qué sabe su propio semen. ¡Nuevamente el total de encuestados dijeron que no!, es más, alegaron que era imposible, una locura, una mariconada, una pregunta sucia. Otra vez la repregunta: ¿entonces cómo pueden pedir que otra persona se trague algo que ni ustedes mismos saben a qué sabe?
P r o p u e s t a
Propongo abiertamente que cada lector de esta columna se atreva a probar de sí mismo, así, se podrá tener conocimiento de lo que uno exige. Si se encuentra que el propio semen es muy desagradable entonces podrán advertir esto a sus parejas o mejor aún, en caso contrario, podrán decirle con toda seguridad que lo que probará o tragará tiene tal o cual sabor inofensivo. Adivinan bien si suponen que el autor de esta columna a probado su propio semen, y vuelto ha hacer las veces necesarias para estar completamente seguro. No diré a qué sabe pero sí que mantengo estricta consecuencia con lo que propongo a pesar de que a partir de esta publicación seguramente algunos amigos me mirarán de otra manera (¡ja!). Eyaculen sus prejuicios y no solamente semen. El reto lo dejo ahí, y por supuesto, sin ninguna mala leche. •
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(1) Coitotécnico: Marco Aurelio Denegri ha designado coitotécnico al especialista en las artes amatorias que asegura el placer sexual de sus solicitantes. Es muy difícil cumplir los requisitos para llegar a ser un coitotécnico (potencia, técnica, tamaño del miembro, control, etc). Mucha gente se puede confundir y pensar que un coitotécnico puede ser un avispado promiscuo. Falso. Tampoco lo puede ser una persona que resulte placentera para otra exclusiva persona. El coitotécnico debe ser probadamente eficaz en cualquier cama y atendiendo las necesidades de cada solicitante. Tampoco es un puto o “flete”, el coitotécnico es un especialista y por lo tanto, merecedor de honorarios profesionales.
(2) Esmegma: El esmegma es la suma del tejido muerto y los residuos seminales y úricos que se acumulan en el pene, exactamente entre el prepucio y el surco balánico (la base del galnde). Popularmente en el Perú se le llama “requesón” por su fuerte olor y su aspecto blanquecino. No necesariamente la presencia de esmegma tiene que estar asociada a la falta de higiene, aunque esta tiene que ver mucho en su existencia. También existe esmegma femenino que se acumula en el capuchón del clítoris, de similar olor y consistencia. Cuestión aparte es la tolerancia ante el esmegma en el encuentro sexual ya que durante el sexo, muchos olores comúnmente desagradables se perciben naturales, y mejor aún, su presencia estimula la excitación sexual.![]() |
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