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o p i n i ó n
Qué hacemos con Laura Bozzo
por Javier Llasol


Laura Bozzo se encuentra en México (set 2006), justamente una de las dos ciudades en este continente (la otra es Miami) en donde su infame tarea de difusión de la idiosincrasia y la identidad peruanas ha calado más hondo. Muy poco o nada más sobre nosotros llega a aquellos lugares, por lo tanto, para millones de hispanohablantes en el DF, Miami y un extenso etcétera; gracias a la Bozzo los peruanos (todos) somos seres desdentados, ignorantes, decadentes y que se ganan la vida empujando un “carrito sanguchero” a pesar de la resaca que dejó la “pollada” de la noche anterior.


Cuando Jaime Bayly tuvo el acierto de increparle directamente a Laura Bozzo acerca de la lastimera imagen que su show (en el peor sentido de la palabra) televisivo proyectaba de los peruanos en el mundo, lo único que recibió de ella fue una negación absoluta: “¡Jamás!”, dijo, “¡eso no es verdad! ¡Yo ayudo a las personas!”. Aquello fue un síntoma inequívoco de que la Bozzo es presa de una enfermedad, un desorden mezcla de ceguera, ambición desmedida, y torvas ganas de querer hacer lo que ella cree correcto sin ningún miramiento.

Los peruanos hemos perdido perspectiva sobre este asunto ya que luego de la caída de la dictablanda del cretino Alberto Fujimori, su programa dejó de emitirse en nuestras pantallas, pero Laura, lejana a cejar en su producción de miasma, se las arregló para cumplir su arresto domiciliario en los sets de un canal de televisión. Allí, durante años, instaló su fábrica de mierda a colores, emitiendo decenas y decenas de episodios de su barato show que viajaban en containers directamente a Miami y desde donde se retransmitían (y retransmiten) a gran parte de las tres américas.

Tal vez ya sea muy tarde o una reacción tardía. Muchas voces como la del mismo Bayly o la de Rafo León (Revista Somos Nº1025) han acotado su preocupación y desconcierto cuando en sus viajes, se topan con otros ciudadanos que ya tienen instalado en sus idiolectos el arquetipo del peruano común: un protagonista del show de la Bozzo. Ese es el gran logro de Laura, habernos dado identidad internacional. Un mexicano es un charro cantarín orgulloso del tequila que trae en la mano, un argentino es un porteño vivaracho gritando “¡Maradonna!”, un brasilero es un danzarín de samba haciendo malabares con una pelota de fútbol, un colombiano es un amable anfitrión entonando un ballenato, un peruano es un chimuelo achorado(1) y bruto, con una tarjeta de pollada(2) en la mano.

Sé que no todos tienen la posibilidad de advertir este asunto ya que para ello hay que ampliar un poco los propios horizontes, pero créanme, cuando he tenido oportunidad de conocer a personas de México, Panamá, Costa Rica o algún hispano que viva en los EEUU, y me preguntan sobre las “polladas”, mi sanidad dental o mi grado de instrucción; siento una indignación que jamás había sentido en mi vida; en ocasiones, he tenido que insistirles para que me escuchen un momento acerca de lo que en realidad es el Perú y todas las buenas cosas que se ocultan tras el programa de la Bozzo (arquitectura, gastronomía, folklore, etc, etc), y luego de que les haya convencido me dicen: “¡Coño, hombre! ¿Y por qué no hacen nada respecto al programa de Laura Bozzo?”.

Qué se puede hacer, han pasado tantos años. No podemos fabricar estrellas de fútbol, cantantes internacionales, actores millonarios ni grandes literatos de un día a otro para que contrarresten la propaganda tóxica de la Bozzo respecto a la peruanidad. No podemos, Perú siempre se está levantando de la crisis anterior y ahora recién llevamos un quinquenio dándole cabida a nuestros productos culinarios, exportando algunos jugadores a Europa, ganando algunos concursos de literatura. Laura nos lleva un decenio de ventaja publicitando nuestra miseria. Como dice Rafo León: “ella es la PROMPeru real”, la que se encarga de ponernos en el mapa a costa de la inspección de nuestros lados más desagradables. En el Perú hay miseria, cierto, pero no es muy distinta a la existente en una villa miseria en Buenos Aires, en una favela en Sao Paulo, en un pobre suburbio de Los Ángeles o en la colonia Guerrero del DF; pero es como si durante años sólo viéramos de esos países representantes de villas miserias, favelas, suburbios miserables y colonias lumpenescas.

Por si acaso, afuera todo o casi todo el mundo sabe que los testimonios y panelistas aparecen en el show mediante un “incentivo” monetario que la producción les ofrece. Todo o casi todo el mundo es conciente de que los “casos” están formateados bajo un guión pre-establecido. Entonces, ¿por qué el programa tiene tanto éxito?. Fácil: porque el ridículo es divertido, sobre todo el ajeno. Y es cierto, la gente se ríe de lo que se ve en el show, se divierte con la miseria de un tercero, se suspira porque felizmente ni mi ciudad ni mis vecinos son como los de ese lejano país llamado Perú, en donde la gente come piedras y por eso se rajan los dientes, allá donde viven en y de polladas, allá donde son tan brutos.

Julio Ramón Ribeyro decía que las personas dormimos mejor luego de oír la desgracia ajena. Nuestra miseria entonces, ha sido y es terapéutica para millones de telespectadores que agradecen al cielo no vivir en ese país tan bárbaro y abandonado, y además los hemos divertido cuando la Bozzo grita: “¡Que pase la amanteeee!”, y se inicia la trifulca desmedida, se exponen vía satélite las limitaciones más bajas, se recrea una realidad fuera de contexto; y finalmente, todo se resuelve a punta de carajos, policías y carritos sangucheros(3), más aún, promesas de Laura de que “vamos a seguir tu caso, hijita”, mi ONG te dará unas limosnas para que consigas un riñón para tu hijo, porque el 0.006% de mi presupuesto mensual alcanza para resolver los problemas de 30 panelistas, porque todo lo hago por el Perú, porque soy una luchadora social, porque mi pasión es ayudar a la gente y a esos que me critican les digo que no sean envidiosos, que hagan algo por los pobres así como yo lo hago, ¡y que no jodan!; así que Christian pon primera y arranca, vámonos a Miami, tengo una reunión con un directivo de Televisa, de Telemundo, de la CNN, de la putamadre que los parió a todos.

Laura Bozzo es nuestro propio monstruo, la creamos en los 90 atraídos por sus dotes de comunicadora, la ensalzamos porque decía “la verdad” sin tapujos, la elevamos al nivel de estrella porque se ocupaba de los olvidados aunque ahora sólo haga escarnio de ellos. La Bozzo conquistó a todo el Perú porque mostraba un aspecto de la realidad que hipócritamente nunca había llegado a las pantallas, pero nunca sospechamos que ese circo en donde se revuelve nuestra propia mierda le sirviera para internacionalizarse, hacerse famosa ella y de paso hacer famosos a todos los peruanos, que ahora somos el arquetipo de la degradación, que no tenemos dientes, que no tenemos cultura, que no tenemos solución. Ahora seguiremos siendo devorados por nuestra propia criatura, es muy difícil dar marcha atrás, salvo que llegue alguien con el mismo poder mediático que pueda hacer contracampaña. Muy difícil, todo está en ciernes, recién vendemos nuestro pisquito, recién internacionalizamos la gastronomía, recién recuperamos parajes turísticos, recién restauramos sitios arqueológicos.

Cuál es la solución o contracorriente, qué presupuesto podría financiar la promoción de un nuevo punto de vista respecto del Perú. Tal vez esta columna sea pobre en propuestas o soluciones, es muy difícil que un solo cerebro pueda formular alguna salida. Sólo queda el que uno a uno, peruano por peruano, que esté fuera, que esté dentro, que chatee, que escriba, que opine; no pierda oportunidad de —en silencio y sin criticar el programa de la Bozzo— demostrar que somos mucho más que “ese peruano” que su show promueve. Mientras tanto, ella seguirá fabricando caramelos de pus, seguirá comerciando con las minas de caca que guardamos, seguirá traficando con nuestras necesidades básicas, seguirá “ayudando a los pobres” engrosando sus cuentas bancarias. Y nada más, porque sino sería atentar contra la libertad de expresión, sería censurar a una comunicadora internacional, sería persecución política, sería envidia y tirria.

Me pregunto si en algún otro país o en otro planeta haya surgido problema similar. Reviso mentalmente mis conocimientos de historia y no encuentro parangón. Tal vez Hitler, quien creó la imagen del alemán racista y beligerante, después me es muy difícil hallar otro ejemplo y además, encuentro desproporcionado comparar a la Bozzo con Hitler, es concederle a ella demasiado. De lo que estoy seguro es que si alguna vez se atreviera a instalarse en otra ciudad del mundo e intentara comerciar con la miseria de aquellos lugares, le cerrarían inmediatamente el programa y la mandarían de vuelta de una patada en el culo.

El show de Jerry Springer también era decadente, pero nunca enfatizaba la poquedad física de sus panelistas ni solucionaba los casos apelando a obsequios ridículos como un “carrito sanguchero”, símbolo además de las últimas aspiraciones de los protagonistas, quienes seguramente luego venden el carrito para darle mejor uso a ese dinero. El show de Jerry Springer no atentaba contra la idiosincrasia norteamericana, porque los EEUU son mucho mejor que Jerry Springer (sin ser la gran cosa tampoco). La terrible duda que me aqueja es que si el Perú es mucho más o mejor que Laura Bozzo. Qué hacemos con Laura Bozzo.

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(1) Achorado: Vulgarmente se le dice "choro" al ladrón. El "achoramiento" es adoptar las maneras y el comportamiento de los delincuentes, léase agresividad, resentimiento social, libertinaje. El fenómeno del achoramiento surge en la sociedad peruana a finales de los 70, cuando la gran cantidad de inmigrantes en la ciudad de Lima, hartos de la marginación empiezan a insertarse en la sociedad, dejando de ser sumisos y adoptando actitudes más enérgicas, entonces se "achoraron", se rebelaron ante la pasividad y reclamaron para ellos un espacio en la sociedad.

(2) Pollada: La "pollada" no tiene nada de extraordinario ya que es común que los seres humanos organicen actividades comunitariamente con fines de ayudar o conseguir fondos para una buena causa. En el Perú se inventa la pollada tanto porque el pollo se consume en grandes cantidades en la culinaria peruana como por su fácil acceso a cualquier bolsillo. La "pollada" nace en los suburbios limeños como una forma de solidaridad entre habitantes de un mismo lugar. Se organizan "polladas pro fondos" para obtener dinero para atenciones médicas o alguna urgencia de tipo similar. Es cierto que al ser protagonistas de las polladas personas de los estratos sociales menos favorecidos, éstos regularmente devengan en grescas, sin embargo, sociológicamente es incorrecto pensar que la "pollada" es el único escenario de interacción de los sectores sociales apocados de Lima, ya que tendrían que mencionarse también a los salsódromos, las discotecas populares y sobre todo a las "fiestas chicha", auténticos eventos de despliegue popular.

(3) Carrito sanguchero: El carrito sanguchero es una invención peruana para el comercio ambulatorio de comida. "Sánguche" es palabra devenida de "sándwich". En el Perú existe una exquisita cultura del sándwich, ya que históricamente la imaginación gastronómica de sus habitantes ha sido infinita. Precisamente, el chef Gastón Acurio desarrolla en estos días un proyecto para difundir el concepto de la "sandiwchería peruana" a nivel internacional. El carrito sanguchero sirve entonces para vender sandwiches y también "salchipapas" (otro invento nacional), y cuyo surgimiento y popularidad se da en los 90, épocas en las que la recesión paralizó el mercado laboral y se tuvieron que inventar mil y una maneras de obtener ingresos. El negocio de la comida en el Perú siempre ha sido uno de los más activos.

 
 
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Por si acaso, afuera todo o casi todo el mundo sabe que los testimonios y panelistas aparecen en el show mediante un incentivo monetario...Laura Bozzo es nuestro propio monstruo, la creamos en los 90 atraídos por sus dotes de comunicadora...El show de Jerry Springer también era decadente, pero nunca enfatizaba la poquedad física de sus panelistas...La 'pollada' nace en los suburbios limeños como una forma de solidaridad entre habitantes de un mismo lugar...
 
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