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h o m e n a j e
Monchito
por Julio Silva Rosedal


Esta es una evocación nostálgica a la memoria de Don Ramón Valdez, el mejor actor del arsenal de talentos de Roberto Gómez Bolaños, y cuyo personaje en la Vecindad del Chavo: “Monchito”, aún prima en la memoria colectiva y se ha convertido a la larga, en presencia vitalicia del imaginario hispanoamericano (y aún más allá). Ahora que nuevamente La Vecindad está en boca de todos al estrenarse la serie animada -que sin la Chilindrina y el candor de los actores, jamás será lo mismo-, ejercitamos el recuerdo del personaje entrañable que querremos toda la vida.


«Nada cuesta más trabajo en esta vida, que vivir sin trabajar...»

K a n t , · H e g e l , · ¡ D o n · R a m ó n !

Es un gran esfuerzo el dejar de ser estúpido, pero a todos nos toca, tarde o temprano. Uno de los pasos importantes en esta empresa (para un ex-universitario algo leído como el suscrito) es deshacerse de los intelectualismos, ese tufo culturoso que ilusoriamente nos ponía por encima de los demás en algunas conversaciones y que luego de los años se descubre que sólo nos hacía ridículos y amanerados. Y por supuesto, cuando se está en los primeros años de universidad uno se cree en el parnaso intelectual por haber leído algo de algunos autores, o por haber traficado con alguna información propia de los recintos universitarios. Allá de los que adquieren esa postura omnisciente como carrera de vida. Al salir a la calle y madurar (un poquito) uno cae en cuenta de su terrible ignorancia, de lo relativo de lo aprendido y de la inutilidad de las poses (y más en Lima, la ciudad de las poses).

Por joder, por caer mal (o bien), por un ejercicio de naturalidad; nunca pierdo oportunidad de arruinar declamaciones intelectualoides. Esa mesita de cinco en el bar en donde uno cae por casualidad y que bulle de aforismos ontológicos, que opinan sobre corrientes filosóficas (muchas de ellas trasnochadas) y que simplemente intentan alejar “al resto” con sus formulismos pseudoteóricos son perfectas para exclamar: ¡Don Ramón!, justo cuando empieza la ronda de luces y guías, porque ella se siente fascinada por el fatalismo de Fukuyama, porque el otro es devoto de la crudeza existencialista de Nietzche, porque a fulana se le afloja el calzón cada vez que lee a Hegel, porque a mengano se le ponen las bolas de corbata cada vez que se ilumina con Sartre. Y por supuesto, todo es dialéctica Hegeliana, así que cuando me han cedido el turno a pesar de mi cara de huevón, y me preguntan sobre mi canon filosófico, muy serio pero enérgicamente les contesto: ¡Don Ramón!

Pero claro fulanita, por supuesto menganito, qué cosa es Don Ramón sino el perfecto ser fusión de los postulados de Epicuro, el empirismo de Locke, la desazón existencial de Cioran, y más aún; es un prototipo postmoderno, precursor del hedonismo mediatizado, el sobreviviente eterno de la miseria humana que él acomoda, recicla y convierte en alegría existencial; se caga sobre el positivismo lógico y prefiere el pragmatismo vivencial, un día a la vez, un problema a la vez. Y más aún (no pongas esa cara de asco, sutanito), le da razón en muchas cosas a tu papá Nietzche, desconfía de lo “dignificante” del trabajo y prefiere vivir sin trabajar, porque es un espíritu endiabladamente libre, un orgulloso outsider, y allá del que quiera vivir trabajando, porque él sólo lo hace cuando aprieta el hambre, por su hijita o porque ya no hay nada más que leer en el diario, y está aburrido.

¿Arquetipo latinoamericano? ¡No, fulanita! ¡mucho más! La crisis, el hambre y la ansiedad monetaria envilecen a las personas, a Don Ramón nunca, el tiene una estructura moral y un código ético a prueba de balas, como la de un monje tibetano. Además, una sabiduría de raíz popular que disemina con ingeniosos aforismos, sin embargo, no es un buen ejemplo ni le interesa serlo, él es como es: auténtico, un adorable cascarrabias, un tipo solidario, un vago carismático, un perdedor que enternece, un digno representante de nuestro tercermundismo, más que tú, más que yo. No escribió un libro porque le daba flojera, nada más por eso, si hasta inventaba sus propias reglas ortográficas. Fue nada y fue todo.

Un sobreviviente, un cínico, un maestro, un filósofo de la calle, un referente. Y botellita de jerez, por si acaso.

«¡Señora! (a Doña Florinda): No hay trabajo malo, (lo malo es tener que trabajar)...»

C o n · p e r m i s i t o , · d i j o · M o n c h i t o . . .

Don Ramón era Ramón Valdez y Ramón Valdez era Don Ramón. Ramón Gómez Valdez Castillo (su nombre real) provenía de una casta con el arte en las venas. Inició desde muy joven su carrera en el cine, primero como extra en producciones de otros grandes artistas mexicanos como Cantinflas, y luego en la de sus propios hermanos. Recuérdese que hay otros notables Valdez como Germán (Tintán), Rafael (El Chapo) o Manuel (El Loco). Sin embargo, a Ramón la fama le llegó por ser él mismo. Contacta por primera vez con Roberto Gómez Bolaños en el programa “Sábados de la Fortuna” en donde este lo recluta para sus “Caballeros de la Mesa Cuadrada” y posteriormente para el show de “Chespirito” en donde la Vecindad del Chavo era sólo un sketch entre otros.

Al despegar el éxito de “El Chavo del 8”, pasaron dos temporadas hasta que los personajes fueron puliéndose y adquiriendo sus matices finales. Recordemos la estupenda evolución de Quico (el otro gran actor de la Vecindad: Carlos Villagrán) o el desarrollo más elaborado de los primeros sketches en programas de mayor duración. Siempre inteligente (aunque a la postre algo mezquino), Gómez Bolaños prefiere que Ramón Valdez sea “él mismo” y encamina su personaje como una especie de alter ego, pletórico de los modismos y recursos gestuales del verdadero Ramón Valdez. Sin embargo, Monchito dio algo más: la autoridad del talento. Recuerden que siempre improvisaba, siempre decía algo extra, completaba la frase y además, se permitía un lujo que no todos los demás actores podían hacer (por su dificultad) salvo solicitud expresa del guión: miraba a la cámara a su antojo, es decir, nos convertía en cómplices.

Chespirito tuvo el tino de permitirle a Ramón Valdez ésta y muchas cosas más. Rubén Aguirre (el Profesor Jirafales) contaba por ejemplo que trabajar con Ramón Valdez era a veces como trabajar con Don Ramón, el personaje: llegaba tarde a las grabaciones, no se aprendía los textos y sólo los repasaba someramente. Se tenía una confianza única y además, había que esperarlo porque no se podía empezar las filmaciones sin él. Cierren los ojos y traigan a la memoria los capítulos más notables del Chavo del 8, caerán en cuenta que en todos estos (o en casi todos) la línea argumental se sustenta por las peripecias que le ocurren al personaje de Don Ramón, es decir, él es el eje de la trama cómica y allí su carácter de imprescindible.

Es por ello que cuando a finales de los 70 Quico abandona la vecindad por diferencias con Gómez Bolaños, el programa sufre una amputación terrible, pero con Don Ramón en la vecindad y la aparición de Popis y otros personajes, el show aún se pudo sustentar. Sin embargo, cuando Don Ramón abandona el programa en 1979 (por más diferencias con Gómez Bolaños y la descomposición progresiva del grupo) el show pierde todo su peso argumental y se inicia la triste debacle, y a pesar de los esfuerzos de los demás actores (la Chilindrina duplicándose como la biscabuela, por ejemplo) o la creación de nuevos escenarios como la Fonda de Doña Florinda, el show entra en su etapa final e inicia su extinción hasta los lamentables capítulos de mediados de los 80 en el que se reactuaban programas pasados, Chespirito ya no tenía voz para hacer del Chavo y la vecindad se mostraba fantasmal y desierta.

«Una de cal, por las que van de arena...»

Y sí pues, al César lo que es del César y a Don Ramón lo que es de Don Ramón. Siempre talentoso, Ramón Valdez entregó otros personajes redondeando la pluma de Chespirito. Allí están por ejemplo, el ladrón de poca monta “Peterete” (y su andar al estilo de la Pantera Rosa), o el “Tripa Seca”, ganster al estilo neoyorquino maloso y renegón; y en todos estos caracteres, el toque, el aporte personal de Valdez que no tenía ningún reparo en repetir sus propias frases como “que-pasó-qué-pasó-vamos-ahiiii” indistintamente del personaje que interpretara, y eso lo hacía único, eran los personajes acomodándose a Ramón Valdez y no al revés.

Se dice que tanto Carlos Villagrán como Ramón Valdez al dejar “La Vecindad del Chavo”, fueron impedidos legalmente por Gómez Bolaños de interpretar sus personajes fuera del control del geniecillo. Esto puso en jaque, en primer lugar, la carrera de Villagrán ya que no podía seguir siendo Quico dentro de México (y si no son erróneas las fuentes, hasta ahora no puede). Por eso es que se ve obligado a emigrar y aceptar la oferta de la televisión venezolana, en cuyo exilio hizo las series “¡Ah qué Kico!” (con K) y “Federrico”; series a las que luego también emigra Ramón Valdez viéndose en el mismo aprieto. Lamentablemente, sólo la pluma notable de Chespirito hacía que sus personajes se desplegaran en toda su magnitud, y en Venezuela, por los mediocres guiones y el autoreciclamiento de sus propias caracterizaciones, a nuestros queridos inolvidables no les fue nada bien y los programas fueron cancelados llegado el momento.

Luego de este trance, ambos regresan a México y se les presenta la oportunidad de iniciar cada uno su empresa circense en la cual Gómez Bolaños ya no tenía alcances legales. Entonces se inicia para ellos la época de giras por todo México, Centroamérica y Sudamérica. Monchito sin embargo, logra reestablecer lazos con Gómez Bolaños y vuelve a lo que en esa época era el programa “Chespirito” (ya sin Vecindad y en donde por el peso de la edad sólo se ven personajes como el Dr. Chapatín, Chaparrón Bonaparte y el que arrastró lo más que pudo: El Chómpiras), pero sólo representa una reconciliación pública, el retorno de un grande (Ramón) en el ocaso de otro grande (Roberto).

Con su circo Ramón Valdez hizo realidad la fantasía de millones de niños y jóvenes que lo adoraban: verlo en vivo. Llegó a muchos lugares y entre esos destinos, estuvo un par de veces (no tengo el dato exacto del número de ocasiones) en un país al sur de México en donde hasta ahora se le recuerda y se le quiere mucho: Perú.

«La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena...»

¡ S u a v e c i i i i i t o o o !

Además del circo, Don Ramón hizo algunas cosas en el Perú que tal vez no muchos recuerden. Tal vez la más notable sea la que paso a referir brevemente. Alex Valle (genio y figura de la comicidad peruana y merecedor de un homenaje aparte) fue por muchos años la imagen televisiva de los Turrones de Doña Pepa de una conocida marca (el turrón de Doña Pepa es un típico y exquisito postre peruano). En los comerciales de dicho producto popularizó la frase: “suaveciiiiitooo” con su estilo característico, la voz aguda y refiriéndose a las bondades del exótico dulce. Al fallecer el maestro Valle, se fue con él esa imagen de viejito cascarrabias que se endulzaba la vida comiendo un turrón. Se probaron varias estrellas nacionales e internacionales para reemplazarlo pero nadie daba con el toque preciso de carisma y empatía. Hasta que llegó Don Ramón. Entonces los empresarios turroneros no tuvieron mejor idea que solicitarle aquel encargo, y Ramón Valdez aceptó.

Es probable que para Monchito ese haya sido un trabajo más, pero claro, dándole su toque particular y encontrándole el sentido al comercial se quedó en la memoria de todos los que por aquella época éramos aún niños. Don Ramón apareció un día en la televisión de las familias peruanas acercándose y probando un turrón de Doña Pepa (como si lo hubiera comido toda la vida) y diciendo la inolvidable frase: “suaveciiiitooo”. ¡Y qué bien lo hizo y cómo quedó en nuestra memoria! (imagino que las ventas de ese año se dispararon para dicha marca). Y claro, él no era Alex Valle, era Don Ramón, y como siempre pasa, sólo un genio puede suceder a otro genio. Años después Quico también lo haría pero me quedo con Don Ramón, cuya intervención estaba muy cercana además al arquetipo dejado por Alex Valle (el dulce viejito cascarrabias).

Lo que hizo Ramón Valdez con ello es quedar en la retina de miles de niños que lo vimos como un peruano más comiendo turrón de Doña Pepa, y pienso que eso logró inmortalizarlo con mayor ahínco por estos lugares. Muy poco tiempo después, exactamente el 9 de agosto de 1988 llegaba la noticia del fallecimiento de uno de los mayores iconos de la cultura popular latinoamericana, y hasta ahora sentimos su ausencia aminorada un poco por las sendas repeticiones de la época dorada de “El Chavo del Ocho”, en centenares de países al rededor del globo. Como aceptara Carlos Villagrán muchos años después: “cuándo él y yo salimos del programa la gente sólo quería ver las repeticiones, pero más que todo por ver a Don Ramón. Él era el eje del programa.”

 

 
 
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Los primeros años







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El homenaje de Los Mox!


Los Mox! son un grupo chileno de punk de larga trayectoria en tierras sureñas, que en su peculiar estilo decidieron rendir tributo a la memoria de Ramón Valdez con el tema "Ron Damón" (como le decía el Chavo del 8). Sin su permiso, los aunamos a este pequeño homenaje.



Descargar Los Mox! - Ron Damón
WMA 2:51 min. - 483 Kb

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Profesor sustituto
El incomparable Don Ramón reemplaza al Profesor Jirafales en la escuela y lo que brinda es una clase magistral de ingenio y humor. Jirafales termina aplaudiendo. Nosotros también.
Maestro de Ceremonias
Don Ramón funge de maestro de ceremonias y director teatral en las celebraciones de La Buena Vecindad. Bate y es batido con incomparable estilo.



















 
Algunas perlas...
L a · D e r r o t a

La Chilindrina está preocupada porque su papá tarda mucho en llegar a la vecindad. Detrás de ella, el Sr. Barriga le pregunta el porqué.
—Es que prometió no volver hasta que consiga un trabajo —responde—. Y hasta ahora no ha llegado.
—¡Ja! —comenta escéptico el Sr. Barriga—. Se me hace que tardará mucho en regresar.
En eso, alguien se asoma por el portón de la vecindad. Es Don Ramón. Arrastra los pies cabizbajo, cansino, derrotado.
—Por lo visto no pudo cumplir su palabra- acusa el Sr. Barriga.
Don Ramón levanta la vista y responde:
—Se equivoca, Sr. mío. No vengo así porque no pude conseguir trabajo.
—¿Sino? —pregunta intrigado el Sr. Barriga.
Don Ramón mira hacia la cámara y contesta:
-Porque lo conseguí...

S a n d w i c h

—Don Ramón —pregunta el Chavo—. En la fiesta de la buena vecindad, ¿van a haber sangüis?
—Sí, Chavito, pero no se dice "sangüis".
—Entonces, cómo —pregunta el Chavo—.
Don Ramón hace una mueca y responde:
—Se dice "CHAN-DUIS". Es cuestión de dominar un poquito el francés...



H o r r o r g r a f í a

—¿Cuándo? —pregunta la Chilindrina.
—¡Ayer! —exclama Don Ramón y agrega:— Hache, A, Ye, Erre. ¡AYER!
—Pero papá —corrige la Chilindrina— AYER no se escribe con hache...
—¿Ah no? —duda Don Ramón—. ¿Qué AYER no viene del verbo HOY?
La Chilindrina queda sin palabras.
— ¡Ay mijita!, lo que pasa es que nunca fui bueno en geografía...

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