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a r t í c u l o
Mal Dita
por Gustavo Alejos Villar


Salida de los sueños húmedos del mundo, germinada en la hipocresía de la sociedad, que desea lo que no tiene, que ansía lo que le está prohibido, que anhela lo que nunca tendrá. Dita von Teese es el vitriolo de carne, látigo de impotentes, cadalso de machos. Ella y su magnífica autohechura, vampira arrechante, puta impagable, diosa del Hades, espantacojudos; una loba encuerada que merece ser conocida en todas las esferas, que debería arruinar todas las ceremonias católicas posibles, que ha creado su propia época, su propio gobierno en este pálido mundo.


Dita von Teese vino a este planeta para infundir temor en las paganas almas de la gente común y corriente, que siempre teme a lo desconocido, a lo que no es común, a lo original. Desde las alturas de su propio emporio, Dita se ha meado siempre sobre la moralina y los cánones del más común de los actos. Pertenece a aquella estirpe de seres que siguen lo que les dicta su fuego interno, que si no existe, lo inventa y que nunca ha tenido miedo a experimentar.

La conocimos a través de una noticia intrascendente: el monstruo mediático Marilyn Manson contraía nupcias para estupefacción del vulgo (dic, 2005). Manson ha sido siempre un show inofensivo, un Barney hardcore que ha espantado a algunos e hizo fanáticos de otros: harto maquillaje, buena dirección artística, un poco de sangrecita por aquí, algo de androgenia por allá, todo envuelto en el metal-gothic pack que le hizo tanto bien a su billetera. Monstruo que por cierto, ha ido redimiéndose poco a poco, como por ejemplo en su lúcida aparición en el documental de Michael Moore (Bowling for Columbine) en la que reflexiona sobre lo que es el auténtico terror (Bush) y otras hierbas de ese tipo.

La noticia de su matrimonio trajo la natural curiosidad: ¿quién rayos se casa con este fantoche? Será otra estúpida de calendario, otra actriz con acuerdo comercial de por medio, una golfita disfrazada como Manson. Grande fue la sorpresa al ver en las fotos a un animal cautivante, que brillaba con su propia luz negra, que lucía mejor que él, que se mostraba diez veces más original que Manson (amansado por la contundente presencia de su consorte). Su nombre: Dita von Teese.

Hablamos desde la envidia más cáustica. Sin los milloncitos y sin el maquillaje, el monstrito no llega ni al dedo meñique de la fascinante Dita. Como era lógico, Manson fue primero su fiel fan internauta durante varios años, adicto inscrito al website de Von Tesse. Pícaro y pajero como él solo, en el 2000 la contacta con la intención de contratarla para que baile en uno de sus vídeos, sin embargo, Dita declina a la propuesta por una serie de razones, pero a Manson le vale para mantener contacto con ella. Al año siguiente, él la invita a su cumpleaños 32, y ella llega a la fiesta con un obsequio peculiar: una botella de licor de ajenjo (¿por qué no habrán más chicas que obsequien cosas tan originales?).

Y dice así: dios los cría... De allí en adelante formalizaron una relación que para desconsuelo de muchos acabó en el altar medieval de un castillo irlandés, con toda la pompa de época que ya compartían para ese entonces, en una ceremonia oficiada por el director superrealista e historietista Alejandro Jodorowsky. En la música: la banda alemana de retro "Palast Orchester mit Max Raabe" y cosas de ese tipo que seguramente habrán hecho de la ceremonia algo digno de ver.

Queda de aquella noticia de boda, el descubrimiento de esta fiera obscura, de su fascinante atractivo sexual, su magnetismo lúbrico, su personalidad fuera de serie. El repaso de su historia en un ejercicio de lucidez, una visita a su hermoso corazón negro, una invitación a la originalidad. Cuántos quisiéramos una Dita von Teese a nuestro lado, a pesar de no dar la talla, y así sea sólo, para morir petrificado por su mirada de Medusa.

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Heather Sweet vió la luz un 28 de septiembre de 1972 en Rochester, Michigan. En apariencia, una niña común de un suburbio americano, como tantas, como casi todas. Sin embargo, la pequeña Heather recibió influencias tempranas que despertaron en ella algo recóndito en su personalidad: en primer lugar, la casa donde vivía, una casona histórica llena de antigüedades, y por otro lado, su madre, una manicurista aficionada a las películas de la era dorada de Hollywood y que acostumbraba comprar atuendos antiguos para vestir a su pequeña niña al estilo de las divas de los 40. Pronto, Heather también se convierte en una gran admiradora de las actrices de aquella época, especialmente de Betty Grable, y de otras estrellas como Hedy Lamarr y Rita Hayworth.

A los 12 años se muda con su familia al condado de Orange, en California. Allí continúa con los estudios de ballet clásico que había iniciado desde los 4 años, tanto así que a los 13, ya tenía la responsabilidad de ser la bailarina solista en una compañía de ballet. Algo que había que reconocer en esta niña, era su gran capacidad para aprender de experiencias de personajes pasados, asimilar y reciclar las técnicas y oficios de estrellas de los 50 como Cyd Charisse, una conocida celebridad que utilizó sus conocimientos de danza clásica para construir sus números de baile y coreografías.

Pronto, la pequeña niña floreció, y en la primera travesía con su madre a comprar su primer brassiere, puso la cara chueca al ver los modelitos de algodón y de colores pastel que habían en la tienda. Se sintió decepcionada, un tanto por sus ligeros conocimientos de la moda de otras épocas y también porque nada de lo que allí se ofrecía se parecía a la lencería que ella había visto en las revistas Playboy de su papá. Este pequeño chasco inicia en ella una de sus obsesiones principales: la historia de la lencería clásica. Pronto cae en cuenta de que sus divas queridas de los 40, además de sus fabulosos atuendos traían debajo delicados artefactos íntimos, nada comparables con la mísera oferta de aquella tiendecita. Entonces decide investigar e investigar, y se dedica a conocer más de aquellos atuendos misteriosos.

A los 15 sigue en sus trece, y consigue trabajo como vendedora en una tienda de ropa íntima (dónde más), reforzando sus conocimientos y convirtiéndose en una pequeña experta en el establecimiento. Allí consigue su primer corset, pieza clave en su biografía. Este es el despegue de la adolescente Heather Sweet en su viaje por el sinuoso mundo de la lencería de época. Con el sueño roto de convertirse en prima ballerina (como ocurre con casi todos los sueños de infancia), decide estudiar en la universidad cursos de historia del vestido, aspirando a colocarse como diseñadora de vestuario o vestuarista en producciones cinematográficas. Pronto sus conocimientos se multiplican y queda fascinada con la lencería de la era victoriana y sobre todo, con la pieza maestra de estas épocas: el corset victoriano (recuerden la cintura de avispa, las amarras, el dolor por la belleza). En estas épocas se hace asidua visitante a tiendas fetichistas que son las únicas que ofrecen prendas de este tipo. En una de estas visitas, ve un póster de quien a la postre sería una de sus más importantes influencias: Bettie Page. Con esto se adentra fascinada en la cultura del pin-up, y tiene una visión: ¿por qué no emular a Bettie en su propio cuerpo y hacer de sí misma una modelo de pin-up en una secuencia fotográfica?

Dita nace. A los 19 años, Heather ya tiene un panorama bastante claro de su capital intelectual. Su propia imagen es perfecta para llevar a cabo todo lo que ella tiene en mente. Su primer gran paso fue el de atreverse a ser desnudista en un club de striptease. Allí, nota de inmediato que los números de las nudistas son poco menos que aburridos, y convence a sus empleadores de incluir en sus números, pequeños detalles en el vestuario: guantes largos, portaligas, lencería especial; además de utilizar peinados de época. Esto en primer lugar confunde pero luego fascina a los parroquianos. Heather confirma que sus ideas tienen arraigo en la platea así que decide iniciar sus propias experiencias en este campo.

Se convierte a partir de entonces en una modelo del fetiche, una fetish model, camino evolutivo hacia lo que finalmente sería: una estrella del burlesque. Simplemente bajo el nombre de Dita inicia dos proyectos que afianzarían su carrera. El primero es hacer la mayor cantidad de apariciones posibles en revistas especializadas en el fetiche, su iluminada mente la conmina a cuidar desde siempre el acabado final de sus fotos, logrando con ello un producto de primerísimo nivel. Por otra parte, su sagacidad hace que explore un negocio que en 1992 aún estaba en pañales: los sitios web. Crea entonces el primer website de moda retro y vintage en la red, con ella como modelo y cuidando al máximo la calidad de las fotos y los derechos de reproducción sobre ellas.

Con el tiempo, este sitio adquiere fama y relevancia. Dita se preocupa siempre porque los fotógrafos que contrate sean de primera línea. Ha sido fotografiada por Ellen Von Unwerth, Dewey Nicks, Juergen Teller, P.R Brown, Rankin, Lionel Deluy, Sean McCall, Perou, Christophe Mourthe, Pierre et Gilles y el famoso artista Gottfried Helnwein; es decir, lo mejorcito del negocio. Con esto va adquiriendo prestigio y sus shows se hacen cada vez más complejos. Sus performances evolucionan a lo que se llama el neo burlesque, una mezcla de vodevil arty y el striptease. Sus apariciones en eventos fetiche (el fetiche es toda una subcultura en norteamérica) resultan muy aplaudidas. En 1996 causa revuelo con un acto que consiste en desnudarse en una gigantesca copa de cristal, performance que la catapulta en todos los ámbitos relacionados al fetiche. A partir de allí, llegan las ofertas para presentaciones en EEUU y Europa. Su acto en solitario se presenta en los lugares más reputados de Los Ángeles y forma parte de shows de varieté.

En paralelo, siguen sus apariciones en revistas y publicaciones ya no solamente relacionadas al fetiche, sino como modelo invitada a presentar su onda retro, neo vintage, revival. Entonces en 1999, Hugh Hefner (cuándo no) se fija en ella y la recluta para un pictorial en Playboy. Luego de las apariciones en aquel año y en el 2001, en el 2002 Playboy le sugiere que complete su nombre con algo más. Al azar, ella escoge "Von Treese" de la guía telefónica pero un error en la redacción de la revista reduce su nombre a "Von Teese", pero a ella le gusta, y a partir de allí se hace llamar Dita von Teese. Nace una leyenda.

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Poco más podemos agregar luego de ese punto. Dita von Teese deja de ser conocida como "la chica de la copa gigante" para hacer de su nombre sinónimo de originalidad y calidad en el striptease y el burlesque. Las variaciones de sus shows son realmente apreciables, sus vestuarios y atuendos sorprenden cada vez más a los auditorios y ella se consolida como una personalidad en el mundo del vintage, la onda retro. Además de ello, tuvo apariciones en filmes relacionados al mundo del fetiche. Se convierte en una especialista.

Paulatinamente, el mainstream del modelaje empieza aceptarla o mejor dicho, se rinde ante ella. Así es que se ve invitada a eventos de la moda y fashion shows, sobre todo los de Moschino y Marc Jacobs. En el 2006, por ejemplo, Dita estuvo presente en el Milan Fashion Week abriendo para Moschino la muestra otoño/invierno. Ese mismo año, Dita publica un libro sobre la historia del burlesque y el fetiche. El libro se llama "Burlesque and the Art of the Teese/Fetish and the Art of the Teese" publicado por la pretigiosa editorial HarperCollins, recibiendo muy buenas críticas al punto de que la revista Vanity Fair la denomina "la heroína del burlesque".

Todo esto demuestra simplemente que en ella se conjugan todos los factores para sobresalir aquí o en cualquier lugar del universo: el talento, la imaginación, la imagen, el atrevimiento, las agallas y el don de la ubicuidad y la circunstancia. Se podría apostar que pocas historias pueden ser similares a la de ella, y claro, en el camino tuvo también que hacer de todo para lograr lo que quería, desde sus primeros y franciscanos pictoriales hasta vídeos lésbicos que realizó para Playboy bajo la batuta de Andrew Blake (un especialista en ese tipo de cosas). Esos fueron algunos pasos que tuvo que dar para lograr convertirse en el icono que es ahora. Jamás fue una actriz porno, como algunos despistados creen, y menos una modelo erótica, para nada. Dita es Dita, una especialista en su arte tanto así que sólo público muy especializado puede apreciar todo lo que ella ofrece en sus shows.

Dita von Teese puede ser subversiva por todo lo contado pero principalmente, porque es una viva demostración del no temor a ser distinto u original. Nuestra sociedad tiende y tenderá siempre a empaquetarnos, pasteurizarnos y homogeneizarnos. Quienes logren darse cuenta de ello a tiempo tal vez pueden desplegar de sí mismos algo distinto, algo novedoso, algo fuera de lo común. El miedo a la diferencia o al cambio es parte de la humanidad. La proeza consiste en plantearse un panorama, descubrirse un camino. No será la mayoría, obvio, pero cada cuanto ocurre y es entonces cuando bellos animales sui generis, hermosas rara avis hacen sus apariciones para robarnos el aliento y abofetearnos con su fantasía, como Dita von Teese.

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Todas las imágenes son propiedad de Dita von Teese®
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Su celebrado strip tease en la copa de cristal que le valió mucho de su actual fama, en una versión soft para MTV.

Dúo lésbico entre Dita y una rubia anónima con quien comparte dildo y rito masturbatorio.


Cuando recién se hacía un nombre en Los Ángeles, Dita realizó muchos trabajos para la industria del
soft porn. Uno de ellos fueron sus stripteases para diversos portales en internet.







Maravillosas las tetas que la Playboy le subvencionó. Según la propia Dita, ella tenía buenas tetas, pero se les achicaron de tanto comer éxtasis.



 
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