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Feb - Mar 2007 |
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f o t o g r a f í a |
N u e s t r o s · s e s o s · e n · t u · b o c a ¡Dispara, conchetumadre! ¡Dispara! Porque a veces un cansancio maldito nos jode las espaldas, porque navegar en solitario no tiene recompensa, menos en días tormentosos en los que uno piensa: mejor a la mierda con todo esto, que se hunda el barco, vámonos hasta el fondo. ¿Te acuerdas cuándo teníamos que sacar la versión impresa de esta revista? ¿No era para junio del año pasado? Y qué pasó. Nada, pues, a veces el tiempo pasa con un ritmo acelerado, hemos hablado con los colaboradores, algunos se han desaparecido (¿se habrán hundido en sus propios barcos?). Hemos buscado el papel correcto para publicar la revista, uno no muy caro pero tampoco chusco, y ya está, ya casi lo tenemos, existe algo del machote pero aún hay algunas páginas en blanco en nuestro borrador. Y en medio de todo eso, las cuentas por pagar, las deudas que hay que honrar. Yo no quiero un trabajo de 8 a 8 por 600 soles, ni cagando, pero qué chucha, a veces no hay más opción. Allí están los ahorritos que casi siempre despilfarramos en farras, qué fuera de nosotros sin las farras, tal vez algo mejor, tal vez algo peor. El arte está en sobrevivir sin caer en la burocracia, sin que el sistema se nos introduzca por el conducto, sin ceder un paso ante los bellos críticos de bar, que nos han hecho muequitas de desdén entre botella y botella. Si no fuera por esos ángeles no tendríamos ganas de joder, de publicar, de llamar a perencejo para que nos dé su puto vídeo (dicho sea de paso, ¿dónde está perencejo?, ¿se lo tragó la tierra?). Tenemos muchas cosas a favor, a veces hasta el viento está de nuestro lado, pero también están esos días pues, en los que todo parece una confabulación para jodernos los planes. La plata, hermano, la plata. Siempre falta plata. ¿Dónde están las viejas millonarias que nos iban a mantener? Por ahora sólo tenemos el ingenio, la pendejada, la improvisación, la maña; eso sí, nunca vendiéndonos, alquilándonos de vez en cuando nomás, como es costumbre. Pero a veces todo es un hartazgo, todo toma más tiempo del que debiera, dijimos junio, y ya estamos febrero; nos dijeron que teníamos que madurar, y ya nos estamos pudriendo. Esos días todo-en-contra son los que joden, es como si un asesino nos persiguiera, un serial killer medio sádicón que nos quiere hacer mierda en la primera esquina. Molesta esa presencia, distrae, incomoda, no deja a uno concentrarse. Hay que esquivarlo nomás, evadirlo con elegancia. Ese asesino silente son nuestros propios temores e incompetencias, es la soledad de esta empresa, es la lejanía que —tal vez con absurdidad— queremos tomar del resto. Ese bastardo es el cansancio que a veces agobia, la reflexión sobre la utilidad de cualquier esfuerzo. El asesino nos apunta a la cabeza, nos humilla, nos rebaja. Habrá que mandarlo a la mierda, a freír monos en sartén de palo. Habrá que ser unos suicidas locos y mirarlo a los ojos, retarlo con la mirada, hacerlo sudar su pus fétida. Iremos entonces, en contra de su amenaza, haremos lo que hay que hacer para parir el proyecto, nos acostaremos con quien tengamos que acostarnos por la causa. Hay que mirarlo a los ojos sin vacilar, sin el espanto de alucinarlo masticando nuestros sesos con su enorme boca. Hay que retarlo y con vehemencia furibunda gritarle: ¡Dispara, conchetumadre! ¡Dispara! Apuesto que nunca lo hará. Febrero, 2007 |
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