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f o t o g r a f í a
Parajes Ignotos
por María Fernanda Royo Ríos*

La idea inicial de este proyecto fue la de hacer desnudos con un cuerpo atípico, estéticamente discordante pero rico en formas y texturas propias. Luego, el proyecto fue variando cuando descubrí que a través de la luz, se formaban paisajes en aquel cuerpo, paisajes nuevos, que renuncian a su corporalidad y componen lugares originales, caprichosos, abstractos y únicos.

 
 
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¿quién era él, vestido de goma, muñeco subterráneo y maldito, quién era él ahora?
tecmesa ya no estaría a su lado, ya no dormiría con su mano de media luna sobre su corazón, ni amamantaría a sus hijos ni le daría su cuerpo de grandes senos altos como cometas. tecmesa sería acaso un bello animal estéril y transparente, con el útero de vidrio.
el seguía tendido en el establo.
de pronto dio un salto y se abalanzó contra palas, esgrimiendo una llave inglesa.
ella se dejó atacar sin protesta. su cabeza de mármol rodó en el pajar,
su busto partióse en
bloques de nieve como una paloma en el aire.
ájax lanzó un grito de triunfo.
pero cuando se inclinó para ocultar la cabeza de la diosa en un balde, en lugar de su nuca, en lugar de sus ojos perlados y su perfil de diamante
no encontró sino una escoba sucia y desmochada y un palo grasiento que la sostenía.
palas estaría mirándolo impasible desde alguna otra esquina. él se tendió sobre las charcas, llorando sin consuelo.
espectros decapitados de cerdos, de terneras y carneros rodeábanlo sin piedad, volvían a él sus cuellos sanguinolentos, como un bosque talado.

la niebla tibia, redonda, rebotaba sobre los cuerpos jadeantes, surgía de ellos en un vaho dorado y grasiento, caía en gotas de amor sobre sus lomos desnudos.
del establo había sido retirada toda arma, todo filo, toda herramienta pesada y punzante, y sólo quedaba en él un contorno romo de césped, de heno, de lana avellonada.
ájax se aventaba de un muro a otro como una dura mariposa, tratando de lastimarse, pero entonces o bien se daba contra un hato de paja o una mota de leche derramada o contra una pared de lava tibia.
la luz se había retirado mientras tanto.
el automóvil jadeaba en la
fronda, como un animal herido: alguien lo había puesto en marcha, alguien le robaba aquella única luz de su siglo.
para vergüenza de aquiles y príamo, él, cuyo nombre habían coreado las multitudes en troya y salamina, bajo los arcos del sol y de la luna, habría de quedarse allí, abandonado por todos, con aquella sangre infame manándole casi en el oído. en la oscuridad, tendido en una gran meada dorada, evocó la ciudad, las calles puras de atenas, los frontispicios augustos, cargados de pámpanos

a la altura del cielo.
todo era sabio y nítido allí, bañado por una luz de nieve, con arcos y columnas labradas y templos aéreos, como sostenidos por marmóreas alas sobre la colina.
aquélla era la civilización.
¿qué había ocurrido entonces? ¿a qué se debía esta oscuridad, este abismo inexplicable?
palas había estado constantemente al pie suyo, con su perfil helado en la portezuela de su automóvil, persiguiéndolo con insistencia a través de los campos sembrados, velando en las grandes velocidades.
el tiempo no había pasado para ella. él la sentía acusándolo por su cambio de vida, por sus nuevos dioses
* Puede ver más del trabajo de María Fernanda Royo en: http://www.flickr.com/photos/aguilar_royo1/ | http://www.flickr.com/photos/aguilar-royo/

>> El texto que acompaña esta muestra es un fragmento de la prosa poética "Ájax en el Infierno" (1945) de Jorge Eduardo Eielson.
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