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c r ó n i c a
La Huella Durmiente
por Carolina Rae


Una mañana, un súbito ardor vaginal me obligó a concertar una cita con el ginecólogo. Esto no hubiera salido de lo común si es que el doctor no me hubiera dado un diagnóstico tan absurdo: rozamiento intenso producto de las relaciones sexuales. Imposible, ya que, ¡uf!, hace meses que no andaba con nadie. Pero luego el asunto se puso peor. A este raro síntoma se le agregaron otros de similar diagnóstico, siempre aparecidos al despertar de una mañana cualquiera. Casi me vuelvo loca. No sabía qué me estaba pasando. Ese fue el inicio de un descubrimiento que es digno de compartir. La historia de esos raros rastros después del sueño, las huellas durmientes de un fenómeno que no parecía tener explicación.


1 2 · d e · e n e r o · / · P r i m e r a · c o n s u l t a · g i n e c o l ó g i c a

—Pero doctor —le dije—. Yo no he tenido relaciones sexuales con nadie, no tengo pareja hace varios meses y no soy promiscua. ¿No serán hongos o alguna infección?
—Definitivamente no —dijo el doctor—. Ese rozamiento es típico luego de tener relaciones sexuales, digamos... algo bruscas.
—Pues no es así —le dije— No le voy a mentir.
—¿Tomó alcohol ayer por la noche?
—No.
—¿Recuerda exactamente lo que hizo anoche?
—Recuerdo todo, doctor, hasta que me dormí, luego he despertado hoy con este ardor.

Me dio una crema y dijo que regresara si es que tenía otro problema.

1 6 · d e · e n e r o · / · S e g u n d a · c o n s u l t a · g i n e c o l ó g i c a

En la mañana del 16, el dolor vaginal regresó esta vez con menos intensidad, sin embargo, un nuevo síntoma me apareció en la espalda, en la zona lumbar. Era una roncha, una irritación de la piel que ardía al tacto.

Luego de observarme la espalda el doctor frunció el seño.

—Vea —me dijo—, es algo tan simple como una raspadura. Usted se ha rozado sobre una superficie áspera, una alfombra, el tapizón, el suelo. Es obvio que está teniendo relaciones sexuales y de esa forma se ha raspado la espalda. Lo que me pregunto es porqué viene usted hasta aquí para hacerme perder el tiempo. ¿O se está burlando de mí?

Yo me enojé mucho porque no me creía. Le expliqué una vez más que no salgo con nadie, que no estaba manteniendo relaciones sexuales con nadie.

—Entonces me temo que deberemos hacerle un examen toxicológico —me dijo algo preocupado.
—¿Pero por qué si yo no me drogo?
—Si no recuerda que hizo algo más, es probable que haya sigo drogada con alguna sustancia... y hayan abusado de usted.

Un miedo extremo se apoderó de mí. Me parecía increíble todo lo que me estaba ocurriendo. Simplemente me dormía a las 11 de la noche y en la mañana tenía esos síntomas en el cuerpo. ¿Ahora el doctor me hablaba de violación?

2 2 · d e · e n e r o · / · R e s u l t a d o s · d e · l o s · e x á m e n e s

—No hay nada —dijo el doctor—. Usted no fue drogada.

Lo sabía, pero yo tenía peores noticias.

—Tengo un nuevo síntoma, doctor —le dije—. Tengo estos hematomas en el cuello.

Luego de observarme los hematomas agregó:

—OK. Regrese mañana. Llamaré a un amigo psiquiatra para ver su caso. Esto está rarísimo.
—Pero, ¿y las abolladuras en mi cuello?
—Se les llama "chupetones" —me dijo—. Es obvio que a usted le está pasando algo. Tal vez doble personalidad, algún desorden psiquiátrico. No sé. Le prometo que lo averiguaremos.

2 3 · d e · e n e r o · / · E l · g i n e c ó l o g o , · e l · p s i q u i a t r a

Más sorprendida que asustada, me dirigí a esa cita con el psiquiatra amigo de mi ginecólogo. En el consultorio ginecológico se inició un corto interrogatorio bastante inquietante. Al parecer, el psiquiatra tenía algunas cosas en mente.

—¿Donde vive usted? —me preguntó—. ¿Cuál es el lugar en donde duerme?
—Verá doctor, hace un año vine desde Chiclayo y desde entonces me hospedo en casa de una tía. Ella me ha cedido una habitación allí, así que ahora formo parte de su familia.
—¿Así que no comparte la habitación?
—No.
—Cuándo tuvo relaciones sexuales por última vez. ¿Lo recuerda?
—Lo recuerdo claramente. Fue hace cuatro meses con mi última pareja.
—¿Hace cuatro meses se terminó la relación?
—Así es, tuvimos que terminarla, doctor.
—¿Lo dice con tristeza?
—Un poco, doctor. Verá, él es primo mío, hijo de la tía que me ha hospedado, y como usted debe entender, no me pareció bien involucrarme con él. Estuvimos juntos un par de meses pero luego decidí cortar con él.
—¿Es mayor que tú?
—Sí, por un par de años.
—¿Viven ambos en la misma casa?
—Así es. Pero no entiendo qué quiere insinuar. Ya le dije que hace cuatro meses que apenas le hablo.

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—¿Ha tenido alguna vez algún problema psicológico o psiquiátrico?
—Nunca, doctor.
—Al margen de lo que viene ocurriendo, ¿duerme usted bien?
—Pues, que yo recuerde, sí.
—¿Estaría dispuesta a dormir en un laboratorio del sueño?
—¿Dormir con cables y eso?
—Así es, quiero descartar si tiene usted el sueño alterado por algo o si padece alguna parasomnia.
—OK, doctor.

1º · d e · f e b r e r o · / · E l · l a b o r a t o r i o · d e l · s u e ñ o

En una habitación obscura llena de cables y monitores, tuve que pasar una noche enredada entre mil hilos electrónicos. Una cámara de infrarojos filmaba la sesión. El sensor que monitorea el movimiento del ojo es el más incómodo. Finalmente, luego de esa pequeña tortura, me sorprendieron algunos resultados.

—¿Soy sonámbula, doctor?
—No. Vea usted aquí. En algún momento de la noche sus ondas cerebrales se alteraron violentamente, eso indica una actividad cerebral anómala. Estos episodios son comunes en las parasomnias, como el sonambulismo. Sin embargo, lo que parece ocurrirle a usted es algo distinto al sonambulismo, se llama Desorden Conductual REM. Cuando uno duerme, el sueño atraviesa cinco etapas. En las etapas 3 y 4, el sueño profundo, es cuando ocurre el sonambulismo. Sin embargo, hay una quinta fase llamada REM (movimiento rápido del ojo), es en ésta en la que le hemos detectado actividad inusual.

Luego me mostró algunas partes de la grabación nocturna. Se me veía durmiendo tranquilamente, luego empezaba a agitarme, me movía mucho en la cama. En un momento me senté en el lecho pero aún seguía dormida, como si fuera sonámbula. Pero eso no era todo.

—¿Y esto qué significa, doctor?
—Este diagnóstico no es concluyente. Necesitamos que haga algo por nosotros.

4 · d e · f e b r e r o · / · L a · f i l m a c i ó n · n o c t u r n a

Según el psiquiatra todo apuntaba a un diagnóstico pero había que estar completamente seguros ya que las pruebas en el laboratorio no habían sido concluyentes. Me prestaron una minicámara proporcionada por el instituto del sueño en donde trabajaba el médico. Yo debía instalarla, según indicaciones, lo suficientemente distante para filmar la cama y la puerta de salida de mi habitación.

Eso hice aquella noche. Instalé la cámara y me fui a dormir a las 11pm, como todos los días.

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Al día siguiente, lo mismo, ardor vaginal, algunos moretones. Contuve la curiosidad de ver lo filmado y por la tarde llevé la cinta y devolví la cámara al instituto. Por fin, acompañada del psiquiatra me vi yo misma en vídeo, en un trance difícil de creer.

En cierto momento de la noche, me levantaba yo del lecho, totalmente dormida ya que no recordaba haberlo hecho. Me ponía de pié en pijama al lado de la cama y me dirigía hacia la salida de mi habitación. Abría la puerta y desaparecía en el corredor. La cámara llegó a filmarme desplazándome por el pasadizo e ingresando a una habitación contigua.

—¿Quién duerme allí? —me preguntó el doctor.
—Mi primo —respondí sin creer aún lo que mis propios ojos veían.

S E X O M N I A

—Usted es sexómnica —aseveró el doctor.
—¿Sexqué?
—Usted tiene relaciones sexuales con su primo mientras duerme. Al despertar no recuerda lo ocurrido. Es como el sonambulismo, pero deambular y además tener sexo con otra persona y no despertarse, sólo es posible en un estado muy profundo del sueño.

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La sexomnia es una parasomnia REM similar al sonambulismo pero que ocurre en la última fase del sueño. Esta condición fue definida por tres investigadores de la Universidad de Toronto y la Universidad de Ottawa en un artículo titulado "Sexomnia: ¿Una Nueva Parasomnia?", publicado en la Revista Canadiense de Psiquiatría en junio del 2003, es decir, es un desorden que recientemente ha salido a la luz en la comunidad científica.

Sólo desde hace unos 10 años, se empezaron a documentar casos sobre comportamiento sexual durante el sueño, precisamente, los tres investigadores mencionados en el párrafo anterior (Shaphiro, Fedoroff y Trajanovic). Ellos la denominaron inicialmente SBS (Sexual Behavior in Sleep), al estudiar casos como los de un sujeto casado que durante el sueño forzaba a su esposa a tener relaciones sexuales de manera muy brusca, sin embargo, no recordaba haberlo hecho en la mañana siguiente. Esto lo condujo al divorcio sin que nadie pudiera explicarle exactamente qué es lo que le ocurría.

Una señora en Sydney, Australia, empezó a tener un comportamiento extraño durante las noches. Su esposo a veces despertaba y no la encontraba en la cama ni en ningún otra parte de la residencia. En la mañana siguiente ella no recordaba nada de lo ocurrido. Una evidencia lo advirtió de que algo más extraño que un simple sonambulismo podría estar ocurriendo cuando encontró muchos preservativos en las inmediaciones de su domicilio. En una noche, siguió a su esposa sigilosamente y grande fue su sorpresa al descubrirla teniendo relaciones sexuales en el jardín de su casa con un grupo de desconocidos. Ante la incredulidad del marido, su esposa fue diagnosticada con sexomnia en la Asociación Australiana del Sueño de Sydney.

La sexomnia aún no está incluida como un desorden específico del sueño en la Academia Americana del Diagnóstico Médico del Sueño, ni tampoco en el Manual Internacional de Clasificación de Desórdenes del Sueño. Esto indica su juventud como desorden. Pero existen los suficientes casos documentados como para asumirla como tal.

Es muy difícil documentar los casos ya que los que padecen estos desórdenes no son creídos por sus ocasionales acompañantes o víctimas. Esto dificulta su registro. Por otro lado, aún muchos profesionales no están informados sobre su existencia, y un desorden como tal suele ser confundido con otros diagnósticos, empeorando inclusive, la situación.

La sexomnia puede resultar incómoda (gemidos exagerados durante el sueño que pueden incomodar o confundir a personas cercanas) pero también puede poner en peligro la integridad del sexómnico o sus seres cercanos, al inducirlos a comportamientos violentos y sexualmente agresivos en contra de sus parejas.

Los científicos de la Universidad de Stanford, que publicaron un artículo al respecto en la revista de Medicina Psicosomática, aseguran que esta condición es causada por un desorden del sueño pero en combinación con serios problemas emocionales. Aún hay mucho por descubrir.

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—¿Y ahora qué, doctor?
—El tratamiento es sencillo. Antes de dormir deberá ingerir un fármaco que debilite la zona de su cerebro que controla el movimiento muscular. Eso impedirá que pueda levantarse dormida.
—¿Y qué hago con mi primo, doctor?
—Pues es muy probable que él mismo no esté conciente de su problema, pero también es obvio que a estas alturas ya debió darse cuenta de que cuando usted se introduce en su cuarto y mantiene relaciones con él, y al siguiente día usted simplemente lo saluda como si nada hubiera pasado, haya comprendido que algo extraño le anda pasando, sólo que no se lo dice por obvias razones.
—¡Esa rata nunca me dijo nada!
—Usted tiene asuntos emocionales irresueltos con él. Será mejor que los resuelva, y luego, de ser posible, múdese a otro lugar.

La noche siguiente esperé despierta hasta bien entrada la noche. A cierta hora, me dirigí, haciéndome a la sonámbula a la habitación de mi primo. Cuando entré, él me estaba esperando. Rápidamente encendió la lámpara, se desnudó y me hizo un lugar en su cama.

En ese instante lo vi a los ojos y le reproché: "Se acabaron los polvos nocturnos, maricón. Eres una mierda por aprovecharte". Él se quedó mudo y se puso muy nervioso. "A mí también me has lastimado", logró decir mostrándome unos arañones en sus brazos. Mientras salía de su habitación supe que nunca más volvería a ocurrir aquello a pesar de, tal vez, desearlo inconscientemente.

La siguiente semana, me fui de aquella casa.


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