Otro tipo de inserciones son más bizarras aún, por ejemplo, la de animales vivos (ratones, anguilas, serpientes, insectos, peces, etc). Eso existe, no es broma (nos preguntamos si alguna vez seremos capaces de mostrar ello o si ya caeríamos en el exceso).
La inserción del pie, el footfucking, ya es insólita de por sí, no solamente por la violencia visual que implica sino porque una vagina debe dilatarse lo suficiente para que esto suceda y no implique algún daño interno. En ese sentido, el vídeo que mostramos es bastante instructivo: la dominatriz inicia con la penetración de un dildo que empuja hasta el límite (es obvio que el cuello uterino está siendo empujado). Cuando no puede insertarlo más, pisa sobre el vientre de la actriz dominada demostrando que conoce perfectamente la anatomía genital, y el dildo sale expulsado. Luego —sorpresa— se anima a insertar el pie, y lo hace sin mucha dificultad. Nótese que en algún momento esta penetración ocasiona la eyaculación de la sometida. El pie cumple una función fálica y el hecho de que la actriz pasiva esté recostada o tumbada en el suelo simplemente revela o acentúa su condición de dominada. Hay que notar también que el pie de la dominatriz no es muy pequeño y que los gemidos de placer de la segunda actriz pueden ser fingidos (aunque la presencia de eyaculación indicarían lo contrario).
Acrobacias del hardcore. Pregunta: en estos casos, ¿deja el porno su carácter excitador para convertirse sólo en un espectáculo visual?
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