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m u e s t r a
Okinawa Runa
por Jorge Miyagui Oshiro*

Hace algunos años la poeta Doris Moromisato me pidió información sobre mis abuelos para publicarla en el libro “Okinawa, un siglo en el Perú” . Siendo nieto de okinawenses nunca me había entusiasmado mucho averiguar sobre mis orígenes familiares. Empecé entonces a preguntar a los parientes cercanos y a visitar las casas paterna y materna en búsqueda de fechas, fotos e información en general para cumplir el pedido de Doris. Así, sin querer queriendo, descubrí que Okinawa era mucho más que simplemente una isla en la parte sur de Japón. Había escuchado desde niño que ser de Okinawa implicaba algo distinto a solamente ser japonés.
Durante la investigación fui descubriendo que existían muchas similitudes entre la inmigración okinawense al Perú y la migración andina a la ciudad de Lima: ambos procesos provenientes de contextos campesinos y rurales, la búsqueda de mejores oportunidades frente a la pobreza cotidiana fue lo que alentó la inmigración, en ambos casos también la violencia política (segunda guerra mundial en el caso japonés y los 20 años de guerra interna en el caso peruano) condicionaron y afectaron las circunstancias y la vida misma de quienes dejaron su tierra por un mejor mañana. Otro punto en común fue la discriminación y el desprecio que sufrían tanto los andinos por parte de los limeños como los okinawenses por parte de los japoneses debido a su origen étnico, a su fenotipo diferenciado y a sus prácticas culturales.
Esta es (un fragmento de) una serie pictórica inspirada en ello.
 
 
Escríbenos a lapsus@email.com
   
 

Autorretrato | Öleo sobre lienzo 1.50 m. X 1.20 m.
De la migración okinawense al Perú y la migración andina a la ciudad: el barco de papel con el sol rojo frente al camión lleno de
productos. La palta en la cabeza de la complejidad enriquecedora pero irresuelta de todo proceso intercultural, de lo íntimo a lo
social. El ideograma en el pecho significa “fuerza interior”, el de la derecha significa “revolución” y el texto en quechua
(kausachcanchicrajmi) significa “Todavía estamos vivos”, el amaru como elemento comunicador entre distintos mundos.

Autorretrato 2 | Öleo sobre lienzo
“Todos los días me matan y en tu sonrisa renazco” Huayno Ayacuchano de Carlos Falconí. El corazón en la cabeza tiene que
ver con la fuerza de la emoción y el pincel está asido en actitud confrontacional.

 

Tránsito 1 | Óleo sobre lienzo 1.20 m. x 0.80 m.
Hatari llacta significa “¡Levántate pueblo!” en quechua.

Tránsito 2 | Óleo sobre lienzo 1.20 m. x 0.80 m.
Yapa Yawarkuna significa “¡Todas las sangres!” en quechua. Tránsito de un orden a la inversión de ese orden (derecha hacia
la izquierda): la confrontación entre Illapa (divinidad andina del rayo) y Santiago Mataindios (santo patrono de las fuerzas
armadas españolas) resignificado con la cara de Cipriani (cardenal de Iglesia Católica) cabalgando sobre un muerto
de la violencia política).

 

La discriminación hacia los okinawenses en Japón se en contra de quienes inmigraron hacia el Perú a pesar de que aproximadamente el 75% de la inmigración japonesa al Perú proviene de Okinawa, no era lo mismo ser un japonés que ser un “uchinanchu”. Mi abuela aún recuerda los malos tratos que se recibían los okinawenses y sus descendientes en los colegios que la colonia japonesa tenía en territorio peruano. Similar a las manifestaciones racistas tan cotidianas en nuestro país, en donde al andino y sus productos culturales se le desprecia de distintas maneras y en distintos espacios.

Encontrar estos paralelos me impactó mucho ya que hasta ese momento mi obra artística tomaba bastantes referentes de la cultura popular urbana, marcada por la migración andina y los procesos de hibridación cultural y empoderamiento del sector migrante en la ciudad. Ahora se abría una nueva veta para explorar junto a aquella: la historia personal, familiar e íntima; que de alguna manera u otra se relaciona con las primeras intuiciones y los intereses temáticos y artísticos que fui desarrollando en las primeras obras. Tal vez esa sea la característica mas hermosa y fundamental del arte: el poder hablar de distintos ámbitos de existencia humana al mismo tiempo, desde los espacios más íntimos y personales hasta los más públicos y políticos, desde lo mas consciente a lo más inconsciente y viceversa.

Así inicié una serie de cuadros realizados en acrílico y óleo sobre lienzo, donde trabajé estos temas: la saga familiar, la gesta heroica de la migración y los procesos de hibridación en un paralelo entre la inmigración de mis abuelos y la migración andina que transformó la ciudad de Lima para siempre.

No olvidemos que todo esto se da en un contexto de profundo racismo y desigualdad social, en donde el desprecio se da contra las personas pero también y sobretodo contra sus productos culturales, esto es lo que crea la diferenciación jerarquizada entre arte y artesanía, entre idioma y dialecto, entre música y folclore, etc., diferencias que son hegemónicas y que determinan buena parte de nuestras instituciones políticas y culturales. Por eso una experiencia fundamental mientras pintaba esta serie de cuadros fue la de participar en la exposición Manos Artesanas , muestra que consistía en exponer el trabajo conjunto de duplas compuestas por un artista académico y un artista artesano, en una relación horizontal y democrática, frente a la mirada colonialista que entiende el arte académico como superior al arte popular.

Siempre he creído que más importante que el arte mismo son las motivaciones, las vivencias y las apuestas que hay detrás de cada artista para hacer arte, es decir, su fuerza vital, su apuesta de vida. He intentado en estas líneas dar una mirada para entender mi propio proceso artístico en esta última etapa, a partir de sus productos, pero más allá de ellos también: ubicando sobre todo los procesos de los que se parte y con los que se interactúa. No es más que un intento por construir a partir de fragmentos para disolver lo trabajado en la misma fragmentación de una sociedad compleja y que se nos presenta como reto y promesa a la vez.

Lima, diciembre de 2007
Jorge Alberto Miyagui Oshiro

 

Illapa reposición | Óleo sobre lienzo 1.50 m. x 1.20 m.
Sailor andinizada: Personaje del dibujo animado japonés con símbolos andinos: trenzas típicas de las mujeres andinas,
vestimenta de la “saya” (baile de la sierra sur del Perú).
Illapa: divinidad del rayo en el mundo andino.
Shisa: El shisa es una especie de animal mitológico, cuenta la leyenda que defendió el reino de Okinawa (Ryukyu) de un dragón
que lo atacaba. Sólo en Okinawa se suele poner shisas sobre los techos y las puertas a manera de protección, igual que en
el ande sur se colocan los toritos de Pucará.
Ki: ideograma que significa “fuerza interior”.

Cachuelo | Óleo sobre lienzo 1.23 m. x 0.90 m.
Cachuelear: En jerga limeña significa agenciarse informalmente de recursos económicos, hace referencia al trabajo
informal e independiente.

 


Amaru | Óleo sobre lienzo 2.40 m. x 1.20 m.
Amaru: serpiente, divinidad tutelar en el mundo andino.
Hatari Llacta: “Levántate pueblo” en quechua.


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Más de Jorge Miyagui en: http://www.jorgemiyagui.com / http://jorgemiyagui.blogspot.com

* Jorge Miyagui Oshiro (Lima, 1978) Estudió en el Museo de Arte de Lima, teniendo como profesores a Juan Valdivieso y Teodoro Ayala. También estudió arte en la Pontificia Universidad Católica del Perú, especializándose en pintura y graduándose el 2000. Al año siguiente viajó a España para exponer en el Taller de Pintura Iberoamericana. El 2002 hizo su primera muestra individual: “Arte = vida, vida = política, política = ética”. Muchas de sus obras se consideran contraculturales debido a los principios políticos que adoptó en su juventud, y su posterior participación activa en el Centro Cultural El Averno, de la calle Quilca.
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